martes, 17 de septiembre de 2019

Un relato. Por Alejandro Gonzáles (6S)



El día 6 de septiembre la Promoción junto a Quinto de secundaria, salió al centro de La Paz con el afán de leer la obra “Tirinea” de Jesús Urzagasti, sin embargo hubo algunos inconvenientes al realizar esta actividad, por ejemplo en el Puma. Esta situación será mejor explicada por un estudiante de 6to de secundaria.

“Estábamos ahí sentados en el Puma camino a San Pedro, cuando nos dispusimos a leer Tirinea y cada uno leía una parte, todo marchaba bien...Hasta una señora nos dijo que la lectura estaba bien pero debíamos leer más alto. Posteriormente se nos acercó la persona que cobra el pasaje y nos dijo que no podíamos realizar esa actividad, que necesitábamos un permiso otorgado por la alcaldía y que lo único que hacíamos era incomodar a las personas. Entonces no leímos más hasta que llegamos a San Pedro y nos bajamos, nos pusimos a caminar hacia San Francisco, cuando llegamos, organizados en media luna, empezamos a leer todos al mismo tiempo para que las personas nos prestaran atención. Sin embargo, no funcionó del todo. Posteriormente fuimos a comer al mercado Lanza para luego caminar hacia el mercado Camacho pero antes pasamos por pleno centro de La Paz, tuvimos un intento fallido en la plaza Camacho y luego decidimos volver a nuestras casas en Puma.” Alejandro Gonzáles

Una aventura con "Tirinea". Por Analiz Delgado


En la aventura que nos sumergimos el viernes pasado, logramos admirar el más profundo detalle de la experiencia. Comenzar por salir a las 12:00 p.m del colegio, sintiendo la adrenalina al ver llegar de lejos al Puma Katari, correr mejor que en una clase de psicomotricidad, con entusiasmo para poder alcanzar el bus en su parada.  Subir esas escaleras que relucían y pasar a los asientos traseros para compartir una obra muy especial: Tirinea escrita por Jesús Urzagasti, de la que celebramos sus 50 años.

Comenzamos a leer en el Puma, con temor, para aquellas personas cuyo rostro veíamos por primera vez. Con el paso de los minutos, logramos compartir unas cuantas páginas con la gente. Pero, como en toda aventura existe un villano, en este caso la señorita que cobraba los pasajes nos llamó la atención por compartir esa experiencia de leer en voz alta una obra. Por temor a sus superiores, prefirió tomar la ruta segura de llamarnos la atención y no arriesgarse. Este es un ejemplo, pero existe otro: por la avenida Hernando Siles nos cruzamos con otro Puma Katari en el cual otro grupo de nuestros compañeros, realizaba el mismo trabajo pero en ese caso la señorita y el conductor no se molestaron porque algunos estudiantes compartan un poco de arte con los pasajeros.

Llegando a nuestra última parada en San Pedro, tomamos rumbo a la iglesia de San Francisco donde dimos lectura a la multitud, uno que otro escuchaba con atención. Pero hoy en día las personas toman atención a sus aparatos electrónicos, no los culpo es una adicción. Ya llegaba la hora del almuerzo, nos fuimos rumbo al Mercado Lanza para poder disfrutar un delicioso api con pastel. Ya habiendo terminado de comer, fuimos al Mercado Camacho, donde fue un punto de encuentro para poder regalar los libros a las personas interesadas. Por último, llegó la hora de despedirnos, cada uno de nosotros partió a casa.